J.M. LEVY LEBLOND,
30 años, científico francés, de renombre mundial y profesor de la facultad de
ciencias de Paris, pronunció hace algún tiempo la alocución que publicamos en
seguridad, con motivo de haber recibido el premio Thibaut, otorgado por la
academia de ciencias como reconocimiento de sus trabajos en el campo de la
física atómica. El discurso de LEVY LEBLOND causó sensación y desconcierto
entre la comunidad científica por su denuncia del papel comprometido que ha venido
desarrollando la ciencia en los países capitalistas. El joven científico, quien
milita activamente al lado de los estudiantes de izquierda fue suspendido de
sus funciones el 29 de mayo por haber participado en mítines estudiantiles en
los días precedentes. El caso LEVY LEBLOND ha provocado un escándalo en
Francia, ya que desde la ocupación alemana (1940-1945), es la primera vez que
un profesor universitario es perseguido y sancionado por sus ideas políticas.
A la luz de estos
hechos, el texto siguiente cobra especial significado:
“Con
mucha satisfacción recibo el premio THIBAUT de nuestra academia. Este premio es
para mi especialmente importante por varias razones. En particular porque me ha
dado la oportunidad de profundizar un número de preguntas referentes a mi
situación de científico, y de exponer algunas de mis conclusiones.
Es
en efecto imposible recibir tal premio sin plantearse algunas preguntas:
¿Por
qué esa recompensa? ¿Qué ha hecho de meritorio? ¿Para quién? y Más generalmente
aún,
a quien sirve mi actividad científica?
¿Por qué la sociedad organiza la investigación científica? ¿Cuál es el papel
que juega la ciencia en nuestra sociedad?
A
todas estas preguntas existe una serie de respuestas “naturales”. No es
evidente, que la ciencia juega hoy en día un papel fundamental en la evolución
de la sociedad, y es el motor esencial del progreso? Que el científico se ha
vuelto el agente esencial de la
felicidad de la humanidad?
De
esta forma, un poco menos clara, volvemos a encontrar el eterno discurso que
hemos oído desde la escuela primaria hasta la universidad, difundido por los
organismos más conservadores. Y hasta por algunas voces llamadas
revolucionarias.
Sin
embargo, hay buenas razones para emitir dudas en cuanto a la validez de estas respuestas. Antes de todo, consideramos la
relación entre la investigación fundamental y los progresos de la sociedad. Dos de los ramos más costosos y prestigiosos de la
ciencia actual son, sin duda alguna, la física de las partículas de alta
energía y la física espacial. ¿Dónde están sus contribuciones al progreso
general? Casi unánimemente los físicos atómicos pueden confesar, sin dificultad, que no se
puede esperar ninguna aplicación al progreso general.
En
cuanto a las aplicaciones de la investigación especial, yo no conozco otra cosa
que algunas ollas refractarias y otros “gadgets” análogos.
Clara
está que mi posición me pone en la obligación de declarar que mis trabajos, por
los cuales me han premiado, son un ejemplo obvio de la investigación “pura”, o
sea gratuita y sin más interés que el de despertar la curiosidad de unos veinte
especialistas en el mundo. La mayoría de los trabajos de investigación son
perfectamente esotéricos y son comprensibles por solo unos pocos iniciados.
Claro
que existen otros casos de los cuales se pueden extraer gigantescas
posibilidades de aplicación, la medicina y la agronomía, por ejemplo, parece
poder aportar algunas respuestas técnicas a los problemas del hambre y de la
enfermedad, que son las más grandes de las mayorías de la humanidad.
Sin
embargo, las estructuras sociales actuales no permiten que estas soluciones
puedan ser empleadas. Pensemos solamente en la falta de hospitales en Francia,
en los precios elevados de las drogas y de las consultas médicas, sin hablar de
otros países en donde la situación de
los pobres es peor que en Francia.
Si
el progreso de la técnica conlleva a generar un aumento de la producción
industrial, no se conocen casos donde ésta haya tenido como consecuencia directa el mejoramiento de
las condiciones de las clases populares.
Yo
no quiero afirmar con esto que la ciencia y la investigación no sirven para
nada. Al contrario, estoy convencido de que son muy útiles, solo que no se
aplican a lo que, ni a quienes debería servir. La
actividad científica es inseparable dentro del sistema dentro del cual se
practica, como todas las otras actividades, ella es orientada a asegurar la
perpetuación, o al menos la sobrevivencia , de un sistema.
En
el plan político es evidente que las potencias imperialistas utilizan al máximo
la técnica moderna para obtener un armamento destinado a garantizar su poder.
Es, sin duda alguna, en el campo militar donde la investigación científica ha
encontrado sus aplicaciones más grandes en los últimos años. Pero aún en este
campo, la utilidad y la eficacia de estas aplicaciones permanecen limitadas a
pesar del terror atómico. Nos vasta solamente mirar la resistencia victoriosa
del pueblo vietnamita contra la agresión norteamericana, para persuadirnos de
que en ninguna parte del mundo la técnica y la ciencia puede garantizar de modo
absoluto el poder militar y político.
En
el campo económico se puede notar el papel –cada día mas importante- que juega
la investigación científica en el presupuestos de los países capitalistas
desarrollados. ¿Se puede verdaderamente creer que inversiones tan importantes
serían aprobadas si no fueran útiles para ellos? Estas inversiones son una
necesidad del sistema.
Y
ahora quisiera mencionar el papel ideológico crucial de la ciencia. Se puede
declarar sin miedo que después de la religión y las “humanidades”, hoy en día
es la ciencia la que estructura las formas de la ideología impuesta por la
clase social en el poder o sea la burguesía. De este modo, la ciencia es
invocada para dar una mascara de objetividad y de tecnicismo a la dominación de
esta clase.
Sirve
también para justificar el aparto de la jerarquía, procurándole criterios
objetivos.
En
fin, el último servicio de la ciencia es el
de asegurar el montaje de los nuevos juegos de circo que divierten a las
masas, alejándolas de los verdaderos problemas; así se puede considerar, por
ejemplo, la carrera de la luna y el paseo de sus robots, el precio de millones
de dólares que representan el sudor y la sangre de millones de hombres a
quienes se les presenta este espectáculo.
Después
de estas observaciones sobre el papel que juega la ciencia, el científico
aparece como un agente de esos mecanismos. Que sea conciente e inconsciente de
las fuerzas al servicio de las cuales está operando resulta explicable; De
todas maneras él es necesariamente su cómplice.
Todas
las motivaciones citadas anteriormente, que se trate del progreso técnico o del
bien de la humanidad, todas son hipocresías sobre los hechos.
En
realidad, a través de la investigación los científicos buscan sobre todo el
poder. Una carrera universitaria científica es, hoy en día, la escalera para
subir a puestos gubernamentales. ¿Y por que no hablar también de las ventajas
materiales que los científicos extraen de su profesión? Un salario muy cómodo, viajes
gratis al exterior, premios científicos importantes, como el que acabo de
recibir.
Y
aquí encontramos las respuestas a las preguntas ¿Por qué existen los premios
científicos si no es para recompensar a quienes han cumplido fielmente la
misión que les entrega esta sociedad? y amplificar la ideología de la “élite”
con el fin de ayudar a la clase dirigente a enmascarar los mecanismos de
opresión y de explotación sobre los cuales esta fundada nuestra sociedad.”

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