jueves, 21 de febrero de 2013

Anochece, pero siempre amanecerá.




A la memoria de los desaparecidos.




Y por fin veo tus ojos 
que lloran desde el fondo 
y empiezo a amarte con toda mi piel.
y escarbo hasta abrazarte 
y me sangran las manos 
pero qué libres vamos a crecer 
Y rasguña las piedras, 
y rasguña las piedras. 
y rasguña las piedras hasta mí.


Sui Generis, “Rasguña las piedras”


Libertad. Camino a la libertad. Es una palabra tan hermosa y bella. Pero a veces parece inalcanzable. Libertad de prensa murmuran los periodistas. Libertad para vivir, comer y trabajar gritan los pobres. Noche de domingo, el cielo estaba totalmente oscuro. Los piratas, los “lechuzeros”, taxistas informales recorren las calles de la fría, desolada y gris ciudad de Ipiales. Unos hombres abordan un taxi de estos. Se dirigen a un lugar apartado, desolado, un lugar donde dios está distraído. Maldito taxista, le dicen, le atan las manos hacía atrás. Lo insultan. Acto final: una bala en la cabeza. Sólo trabajaba. Esposa y dos hijos. Viuda. Huérfanos. Los asesinos, miembros de las mafias que incluyen, narcos, paramilitares y sicarios. Culpables, sí. Pero su existencia deviene de encontrarse en un mundo desigual en un país saqueado y en un departamento abandonado.
                  
Pide pan y te darán bala. Trabaja y te darán bala. Defiende tus derechos y tendrás cárcel y después bala. Destapa la verdad y te destaparán los sesos. La verdad no es gris, es roja. Sangre a la madre tierra, lágrimas al mar, pero llovizna sudor.
                                              
Argentina, 1976, 16 de septiembre. Sale del gobierno represivo y asesino de Isabelita Perón, el cual respetaba alguito de libertad y entra la descarnada cuarta dictadura de los odiados milicos. Los estudiantes lucharon una reivindicación básica como era el bono estudiantil (libertad de estudiar), estaban asediados y perseguidos por los polizontes del Estado, de la junta de militar. Estudiantes llenos de vitalidad, esperanzas y un poco de idealismo, pero con justa razón.
                                                    
Como peones, lavados el cerebro con toda la porquería de la sociedad injusta, policías y milicos torturan a estudiantes y opositores de la junta militar. Violación a mujeres. Los desnudan y les dan descargas eléctricas. La tortura se vuelve cotidianidad. Son sólo estudiantes de secundaria a quienes no les alcanzaba ni para libros. Encarcelados, ya no les alcanzan las lágrimas para soportar el dolor. También detienen a unos cuantos guerrilleros, irresponsables e idealistas, no por luchar por la justicia, sino por no medir cómo sus actos afectan al pueblo por el que luchan espontáneamente, queriendo ser héroes solitarios. El pueblo no necesita héroes solitarios, sino dirigentes que lo organicen. El pueblo es él heroico.
                                                         
En Argentina hubo dictadura acompañada de desaparecidos, muertos y amenazados por el Estado, por ocurrírseles un país mejor, un país más justo. Por eso todo el que tenga tripas, corazón y la sangre roja, debe sentir el profundo sentimiento de rabia frente a los que asesinan injustamente, odio frente a los que ostentan el poder en contra del pueblo. Es lo que genera la película, La noche de los lápices, profunda rabia. Empuñar el puño, que se crispe la carne y que la mente se transforme y transforme.



En esta puta ciudad todo se incendia y se va, 
matan a pobres corazones, 
matan a pobres corazones. 
En esta sucia ciudad no hay que seguir ni parar, 
ciudad de locos corazones, 
ciudad de locos corazones... “

                                        
Fito Páez, “Ciudad de pobres corazones”. 




Actualmente Colombia vive un período de euforia ilusoria, de “democracia” donde se consolidan las instituciones estatales y los grupos guerrilleros están a punto de darse vía libre para entrar en esas instituciones. Pero, hay desplazados en el Chocó por enfrentamientos de bandas criminales (paramilitares) y fuerza pública, el salario es una miseria, los impuestos suben, la justicia es un asco y nos emboban con Colmenares, en Cauca y en todo lado los indígenas y campesinos siguen sin tierra y pidiendo justicia social. También tenemos desaparecidos y amenazados. En Ipiales asesinan a los taxistas informales, la policía no hace nada; han sido endulzados por las mafias. El congreso nido de ratas. El Palacio de Nariño casa de un rey asesino y en Nariño la miseria y la violencia nos asolan.

Libertad. En cuantas bocas no merece estar esa palabra. Dicen libertad pero mandan el fúsil en contra de las mayorías, del pueblo trabajador. Libertad, loca libertad.




“¿Qué es lo que quieres de mi? ¿Qué es lo que quieres saber? 
no me veras arrodillado, no me veras arrodillado”. 

                            
Fito Páez, “Ciudad…






Pero aun así sigo soñando con ella, con acariciarla y vivirla junto a todos. Que un día se instaure la libertad para todos. Necesita mucho trabajo, esfuerzo. Pero hay que seguir creyendo, porque un hombre sin fe patina en el mismo lugar, no avanza. Y otra vez vengo a ofrecer mi corazón, aunque me lo rompan otra vez.



 “Quién dijo que todo está perdido 
 Yo vengo a ofrecer mi corazón 
Tanta sangre que se llevó el rio 
Yo vengo a ofrecer mi corazón. 

 No será tan fácil, ya sé que pasa 
 No será tan simple como pensaba 
 Como abrir el pecho y sacar el alma 
Una cuchillada del amor”. 


 Fito Páez, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”











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